Ritmos de resistencia en Estados Unidos: el movimiento contra Trump

 

Por: Yerley Sánchez
Socióloga

La Escuela de Sociología de la mano de su director Allen Cordero, realizó un gran esfuerzo para contar con la presencia del Dr. Sidney Tarrow, quien desarrolla una temática actual y conflictiva: el fenómeno Trump y la respuesta de los movimientos sociales. La conferencia se da en medio de una contienda electoral nacional que elige entre un fundamentalista religioso y el oficialismo golpeado por casos de corrupción y la promesa de un cambio que muchas personas consideran parcial. Así que el papel de organizaciones sociales o movimientos contra quien promete retrocesos en materia de derechos humanos se relaciona a luchas que se dan en otros países de América Latina.

Con la traducción del profesor y subdirector de la Escuela, Mauricio López, Sidney Tarrow desarrolló cómo el movimiento contra Trump en EE.UU se convierte en un ciclo de protesta. El profesor de la Universidad de Cornell, inició su conferencia alertando del riesgo de su país de caer en un autoritarismo, ante el cual la esperanza se materializa en el movimiento anti Trump.

En enero del 2017 una gran cantidad de personas, entre ellos: gays, lesbianas, migrantes, indígenas, jóvenes, adultos, personas de diversas creencias, hombres y mujeres, etc., contando 5 millones de personas de los 7 continentes liderados por grupos de mujeres, se levantaron en “la Marcha por las Mujeres”, contra el nuevo presidente republicano, convirtiéndose en la marcha más masiva celebrada en torno a la toma del poder de un presidente estadounidense en la historia. En el período de enero a junio del 2017 hubo miles de protestas abarcando diversos temas sin embargo, la Marcha de las Mujeres ha sido la más importante tanto por el número de ciudadanos que participaron como por la difusión de eventos que permitió.

Tarrow apunta que aunque la marcha fue organizada por mujeres, de las 8 demandas incluidas solo 2 tenían que ver con lo que tradicionalmente se reconoce como los derechos de mujeres, lo cual indica que el resto aclamaban por temáticas que incluían una audiencia mayor: igualdad, derechos reproductivos, ambiente y justicia social. Así las marchas incluyeron sectores que nunca antes habían marchado, amplió el repertorio y el lugar de las luchas e innovó las formas de protestar. Otro de los elementos importantes es el aumento por el interés en temas relativos a Latinoamérica, la migración y la política xenófoba de Trump. De esta manera, con temáticas diversas, con nuevas formas de protestar, con la inclusión de sectores que nunca antes habían estado en las calles, se crean nuevas formas de resistencia.

  La conferencia desarrolló temas como las bases históricas e ideológicas raciales del movimiento de Trump y el amplio repertorio que comprende esta resistencia. Tarrow desarrolla tres tesis: la primera tiene que ver con que las protestas surgen y caen en lo que él llama un “cliclo de protesta”, segundo, en estos ciclos los movimientos dan fuerza a contra-movimientos, así el movimiento trumpista es un movimiento social que crea y da fuerza a un contramovimiento (la resistencia antitrumpista) y finalmente afirma que en los ciclos de protesta, la línea que divide a un movimiento y a un partido político es difusa por lo que se crean formas híbridas, llamadas movimientos de partido. 

Por otro lado, Tarrow afirma que la historia permite explicar las relaciones entre movimiento y contra-movimiento. Por ejemplo, en la década de los 60 el movimiento de los derechos civiles floreció dentro de la población afroamericana universitaria, dando origen a una nueva clase política afroamericana (movimiento) que tomó fuerza en el partido demócrata pero al mismo tiempo disparó un contra-movimiento “blanco” en la política partidaria y en el sistema educativo; así la dialéctica entre la militancia “negra” y la reacción “blanca” pasó al sistema de partidos formando movimientos de partidos híbridos. Pero esta dialéctica no es ni simultánea ni simétrica, comenzó en los 60s en el partido demócrata, pero este movimiento fue más radical en el partido republicano ya que su conservadurismo se radicalizó alrededor del tema del racismo confluyendo con la llegada del neoliberalismo económico e ideologías anti-estatistas. “La apertura del partido republicano a movimientos de activistas también le abrió la puerta a un conservadurismo más radical como Donald Trump”, afirmó Tarrow.

Observadores políticos han hablado de la originalidad del fenómeno Trump pero ignoran en su análisis que la base radical de Trump se construye a partir de políticas raciales gestadas dentro del partido republicano durante décadas, esto quiere decir que el racismo que siempre había estado debajo de la superficie en el partido, finalmente sale a la luz materializado y legitimizado en las políticas anti inmigrantes y del crimen urbano impulsadas por Trump. Eso se podría comparar con la situación del movimiento religioso en nuestro país, el cual se venía gestando “debajo de la superficie” con un descontento social generalizado y que salió a relucir mediante el partido de Restauración Nacional.  

Pero, ¿por qué es importante saber que Trump es el líder de un movimiento social? La cualidad de su base, es directa y personal, es de tipo carismática y no basada en instituciones o mediada por partidos políticos. En este sentido, Trump nos recuerda al fundador del populismo moderno, Benito Musollini, con quien comparte una personalidad desmesurada y su indiferencia hacia la verdad, unas grandes habilidades para fomentar el conflicto e incrementar polarizaciones entre izquierda y derecha en nombre de la ley y el orden. Aún así, sus prácticas se parecen más al populismo latinoamericano de Juan Perón; para ambos la política es una lucha entre las personas del poder, que ellos mismos encarnan y los enemigos de éstas. Después de la Segunda Guerra Mundial, “la gente en el poder (los ex autoritarios) se dieron cuenta que para gobernar necesitarían operar dentro de las estructuras constitucionales, lo que hoy llamamos estados híbridos”, anotó Tarrow.

Un concepto central es el de “ciclo de protestas” que Sidney Tarrow caracteriza por un alto y extendido conflicto social, una rápida difusión de acciones colectivas, por una innovación en las formas de protesta, una combinación entre acciones más o menos organizadas y la interacción entre movimientos y contra-movimientos. La extensión del conflicto social quiere decir que personas que nunca antes habían protestado, con Trump al mando se levantaron por sus intereses, la rápida propagación no solo engloba el corto tiempo con que se da a conocer una protesta sino la difusión también de simbologías, de consignas y solidaridades alrededor del mundo.

Por su parte, la innovación en la protesta incluye no solo protestas inmediatas sino también organizaciones a largo plazo  y a lo largo de todo un país o un continente así como el uso de nuevas herramientas y la tecnología para comunicar el descontento social. Existe también en este ciclo una combinación entre viejos y viejas activistas con jóvenes y adultos que no se definen como tal pero que se animan a protestar. Sin embargo, el comportamiento de Trump y el ascenso de la resistencia polarizó a los votantes. En agosto de 2017 solo un 33% de los votantes aprueba el comportamiento de su presidente mientras que un 39% asegura que nunca debió haber votado por Trump.

Pese a lo anterior, según Tarrow, se vislumbran caminos de esperanza: el comportamiento de Trump ha ayudado a la resistencia a minimizar la dispersión del movimiento y la lucha, es decir, movimientos y diferentes perspectivas ideológicas han convergido y luchado por un objetivo sólido y mejor identificado. A su vez, existen divisiones dentro de la coalición Trump puesto que existen diferencias notables entre los conservadores tradicionales, el sector financiero y los verdaderos seguidores de Trump. La indignación que ha generado la presidencia de Trump, levantó un activismo en la sociedad que incluye los grupos más variados: mujeres, inmigrantes, ambientalistas, científicos, anti-racistas, anti-semitas, etc., que no se había visto desde la década de los 60. Pero realmente ¿todas estos grupos de protestas pueden unirse en un solo movimiento? Sidney dice que mucho depende de la interseccionalidad de los temas, las acciones que pueda darse entre los diferentes activistas y de no perder de vista que si cada grupo activista defiende su propia identidad antes que la del movimiento que los agrupa provocaría una fractura.

 

  Antes de afirmar que dicha resistencia es exitosa hay que tomar en cuenta 3 factores. Primero, el movimiento de base de Trump continuan dándole apoyo sólido. Segundo, pese a la convergencia de muchos y diversos movimientos sociales frente a Trump, la resistencia aún no está integrada puesto que hay activistas mucho más comprometidos y radicales que otros, tercero, la interacción entre movimientos y contra-movimientos podría incrementar la polarización política e interrumpir el progreso social. “Cuando la política se convierte violenta y agresiva, es la extrema derecha quien usualmente sale favorecida puesto que logra poner las fuerzas del orden de su lado”, afirmó Tarrow.

 

En el ir y venir entre movimientos y contra-movimientos desde que Trump llegó al poder, se puede ver una nueva estructura de alineamiento político, es decir, a medida que el movimiento crece también se vuelve mucho más complejo. Además, Trump ha creado divisiones dentro de su mismo partido, el republicano; por su parte a partir del 2016, el partido demócrata ha revivido su militancia y sus fuerzas de convocatoria con el objetivo de recuperar seguidores dentro de la clase trabajadora “blanca” así como su apoyo entre las mujeres, afroamericanos y latinos, que han sido atacados por el actual presidente.


Lo que se conoce como política social y en sí, la misma democracia, podría ser reestablecida o restaurada por la próxima administración, concluye Tarrow. Sin embargo, el tema central es el mejoramiento que necesita la relación entre el gobierno y la sociedad civil para lograr una verdadera democracia liberal. Tarrow finalizó su conferencia diciendo que “durante las dictaduras latinoamericanas, los demócratas latinoamericanos necesitaron ayuda de los progresistas de los Estados Unidos, pero hoy son ellos quienes necesitan ayudan del pueblo latinoamericano, deséenos suerte”, finalizó.

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