Geopolítica y progresismo latinoamericano

 

Pablo Gentili centró su presentación en recalcar los procesos desiguales que enfrenta el continente latinoamericano y que no permiten el avance hacia una sociedad más democrática.

Título de la conferencia:
“Los recientes cambios en la geopolítica de América Latina”
4 de julio 2017
Por: Yerley Sánchez Acuña
Socióloga
Universidad de Costa Rica

El director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Costa Rica, Allen Cordero Ulate, presentó al doctor Pablo Gentili, quien es el actual secretario ejecutivo adjunto y coordinador académico de Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).


Esta instancia tiene gran importancia para sus cerca de 600 centros adscritos y la academia costarricense por un lado, por su recurrente opción por un diálogo inclusivo y crítico ante los distintos momentos que ha pasado América Latina (gobiernos progresistas, neodesarrollistas, golpes de Estado) así como su compromiso político con estos procesos de transformación y su criticidad ante el papel de los medios de comunicación dentro de los mismos. Por otro lado también, su necesario y excelente servicio de becas académicas, su democrático servicio de biblioteca y la creación de pensamiento latinoamericano.


El argentino y educador inició su presentación diciendo que debemos de aprender lo que se hizo mal en los gobiernos progresistas y tomarlo en cuenta para las próximas transformaciones; “hay que ser poco indulgentes con nosotros mismos como cientistas sociales, el contexto podríamos haberlo analizado no tan acertadamente, ya que el contexto social cambia significativamente y en tiempos relativamente cortos”, exclamó.


El caso de Brasil: Dilemas del progresismo latinoamericano


Gentili analizó las transformaciones que sufrió Brasil durante los cuatro gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), como académico, como intelectual y como activista militante. América Latina es muy heterogénea y el caso de Brasil no sintetiza ni engloba todos los cambios pero ejemplifica muy bien algunos dilemas del progresismo, dejó muy claro el argentino.


A inicios del 2000, Brasil vivía con un bajísimo índice de desarrollo humano y una década después el mismo país había subido ese índice en porcentajes increíbles. Esto no significó que el país saliera de la pobreza sino un cambio impresionante en palabras de Gentili, que otorgó a una gran parte de la población oportunidades para acceder a bienes y servicios de mayor calidad que históricamente les habían sido negados.


Lo que se hace a partir del año 2003 es un proceso de redistribución del acceso a la riqueza, a bienes y servicios básicos como educación. Gentili aclara que estos logros en Brasil así como en cualquier otro país de América Latina, no se debieron exclusivamente a los planes sociales del gobierno sino a la disminución de la informalidad de los mercados de trabajo y una progresiva formalización del mismo. Esto no debe ser fácilmente despreciado indica el argentino, ya que significa el acceso a una serie de derechos fundamentales para cualquier ser humano.


Lo que hicieron los gobiernos de izquierda entonces fue: un proceso de “ciudadanización” de la población, donde indica Gentili, la población pobre tuvo finalmente acceso a recursos, a oportunidades a derechos y a trabajo reconocido.


¿Pero que podemos decir de estas experiencias progresistas?


Para Pablo es muy débil decir que los gobiernos progresistas se están acabando solo por la oposición o por los Estados Unidos. Existe un problema de percepción del cambio y la mejoría alcanzada con el progresismo puesto que la población en general no explicaba estos cambios gracias a las políticas sociales sino a explicaciones religiosas o familiares.


Lo anterior significa una despolitización del cambio, es decir, no hay una verdadera percepción de que los logros alcanzados habían sido gracias a procesos políticos populares no azarosos.


Gracias a dios y a la poca concientización política, mal latinoamericano, se han olvidado los procesos subjetivos que han logrado alcanzar mejorías sociales y derechos. Esa cultura que crea significados y sentidos ha sido olvidada por los cientistas sociales y no ha sido abarcada como una explicación igual de válida que los impulsos políticos oficiales.


Los países de América Latina cambiaron en cuanto a los niveles de consumo, a las oportunidades a bienes y servicios pero se conformaron con otorgar derechos que luego no podrían mantener supliendo en armonía con otros o diferenciados por poblaciones. Una vez que los derechos se volvieron realidad los jóvenes reclaman la presencia de mayores derechos y mejores condiciones de los mismos, lo que significa complejidad en la realidad social, enfatizó Gentili.


Por ejemplo, dijo Gentili, Venezuela vivió uno de los procesos de inclusión social más importantes en el continente pero las tasas de homicidios no disminuyeron. La violencia desapareció con mayores derechos y acceso a bienes y servicios y los cientistas sociales no son capaces de explicar esto, reclama el actual secretario ejecutivo de Clacso.


“La violencia no es solo estructural y debemos de entenderlo. La violencia se vive en las familias y se aprende a cosechar desde este círculo social. Ninguno de los países pudo desarrollar una política de seguridad ciudadana que permitiese defender los derechos humanos y el derecho a la vida”, indicó. Para poder evitar esta violencia Gentili hace referencia a esfuerzos que eviten la creación de pandillas, las redes de tráfico de drogas, y fuertes acciones para evitar la violencia doméstica.


Otro fallo dice: los gobiernos progresistas no regularon los mercados de trabajo. No se reguló las violaciones a los derechos de los trabajadores, a las desigualdades en las remuneraciones de las mujeres en comparación con la de los hombres, ni a la discriminación racial.  Y no solo los mercados de trabajo de las transnacionales sino las empresas propias de cada país lo siguen haciendo. 


La paradoja reside y la explica Gentili mediante el siguiente ejemplo: las mujeres hijas de trabajadores y trabajadoras de clase media tuvieron acceso a la educación universitaria y se graduaron como médicas pero cuando salen al mercado de trabajo a querer ejercer su profesión le pagan menos por igual título en comparación con un hombre o la contratan como enfermera.


Esa clase de fenómenos no se eliminaron con gobiernos progresistas, lo cual bajo su opinión, no puede seguir pasando desde un pensamiento de izquierda porque sino indica que algo anda mal.


“La democracia liberal, la cultura, la seguridad, el mercado de trabajo son complejidades que se nos fueron pasando lateralmente en este vertiginoso ritmo de transformaciones que vivió América Latina y no se nos puede seguir pasando”, si se quieren verdaderas democracias, enfatizó.


¿Qué hacer entonces? Gentili dice que hay que defender la democracia especialmente en países donde se vivió bajo dictaduras tanto tiempo como lo es el continente latinoamericano, pero al mismo tiempo hay que transformarla porque no está siendo suficiente para lograr cambios y mejorías significativas y duraderas, ni para que las personas afectadas directamente por las mejorías se sientan partícipes de las mismas. Entonces la izquierda debe aspirar desde su perspectiva, a ganar elecciones porque de lo contrario se puede convertir en un simple grupo de reflexión teórica.


Concluyó instando a realizar un esfuerzo más por entender las subjetividades y la cultura, la ética política, los valores que se ponen en movimiento cuando los sujetos actúan, sin que esto significa ser posmoderno. “Hay que saber aprovechar mejor estas oportunidades de manera crítica que la historia nos presenta quizás de manera muy ocasional”, finalizó.

Para ver la conferencia completa aquí el link: https://webtv.fcs.ucr.ac.cr/watch/603/

 


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